viernes, 1 de junio de 2018

Una casa en las afueras



 Cariño mira el maravilloso paisaje que contemplamos desde el porche, el bosque , los prados verdes, al fondo la cordillera y ese tono de la piedra caliza cuando le da el sol, el lago a nuestros pies, mira, fíjate, a veces desde aquí se ven esos pequeños remolinos, son los peces que saltan y vuelven a meterse en el agua. Nuestros deseos hechos realidad, la casa con la que siempre soñamos, lejos de todo y de todos, un mundo a nuestra medida, donde nadie nos moleste, tu y yo solos, amándonos como al principio, porque era eso de lo que se trataba, de que todo siguiera igual, ¿acaso no estoy yo aquí para complacerte? ¿O es que no te trato como a una reina? Soy tu esclavo, pídeme lo que quieras y se cumplirán tus deseos ¿para qué necesitabas las piernas? ¿Para huir de mi? Y ¿las manos? ¿Para blandir un cuchillo? Ahora debo irme a trabajar. ¿Quieres quedarte aquí en el porche, al aire libre? ¿O prefieres que meta la silla para casa y te acerque a la ventana del salón? Te quitaré la cinta de la boca, no grites, aunque si quieres puedes hacerlo, no te escuchará nadie, pero me resulta muy molesto cuando estoy aquí oír tus gritos y tus llantos, porque me hacen pensar que ya no me quieres como antes así que tendré que cortarte también las cuerdas vocales.

jueves, 31 de mayo de 2018

La pesadilla





Se despertó con la boca seca y pastosa como si el día anterior hubiera bebido. La voz de su madre terminó de despertarlo, Alfredo vas a juntar el desayuno con la comida, ¿qué esperas para levantarte? Al abrir los ojos, en la pared, los Rolling Stones lo miraban drogados hasta el culo y al girarse vio el despertador colocado en la mesita que marcaba las las once y media, cuanto he dormido, pensó y esta sensación de resaca sin haber tomado ni una gota de alcohol, es por la mala noche que he pasado, se dijo. En el sueño aquella mujer que primero lo engatusó con la risa fácil y el esmero de los veinte años, una promesa de vida en común, un cariño lo que tú quieras y él que se sentía feliz, dejándose llevar, así durante un tiempo, inocente y ciego como un topo le dijeron luego las caras borrosas y grises de no sabía quién y venga a dar vueltas en la cama, sudaba y luego aquel torbellino de insultos, portazos, eres el mayor fracaso de mi vida, no hay quién te aguante, a ti tampoco, sería mejor que nos separáramos, esto ya no tiene solución y lo sabes, nunca estás en casa, estoy mejor en cualquier sitio, ya no te soporto, quiero el divorcio pero ¿cómo vas a hacerle esto a tu hijo? Y venga a llorar con una desolación tremenda delante de un espejo que no reflejaba su rostro, como si hubiera dejado de existir perdido en aquel bucle de acusaciones, pérdidas y angustia, hasta que despertó de aquella pesadilla y ahora un clic de su teléfono móvil lo saca del ensimismamiento, lo acerca y un nuevo mensaje de whatsApp “como este mes no me ingreses los 300 euros de tu hijo te denuncio”. 





jueves, 14 de diciembre de 2017

Culos



Pasó a su lado como todas las tardes y como todas las tardes a lo largo de las semanas, los meses y los años fue la misma presencia transparente y anodina que se deslizaba con la fregona, limpiando los suelos que ellos pisaban con sus zapatos de piel y ellas con sus finos zapatos de tacón. Se había acostumbrado a tener la misma textura que los cristales de las ventanas, la madera de las mesas o el acero de los ascensores. Sin una específica corporeidad cuando se interponía entre la ventana del piso catorce de aquel edificio con oficinas de abogados y sus ojos, seguían viendo lo que había detrás del cristal; al otro lado de la calle más edificios de oficinas, un poco más allá el parque y al fondo, el cielo que se unía con un horizonte irregular de urbanizaciones a diferentes alturas.
Pero esa tarde sucedió algo. Tenían una reunión tardía y la luz naranja del ocaso se colaba por las rendijas de las cortinas de lamas. Oyó las sillas al correrse y cuando giró la cabeza los vio de espaldas, levantándose, y sus culos, sólo sus culos, estaban desnudos, y había culos que eran tersos como la piel de los bebes, culos prietos, en tensión, culos fofos y macilentos, culos peludos, culos granujientos, culos con forma de embudo, culos escurridos, culos de luna llena, culos fondones, culos glamurosos, culos vergonzantes pero también culos altaneros, culos en pompa, culos graciosos pero también culos tristes…
Ella, agarrada a la fregona, se reía sin parar y de tanta risa que le daba tuvo que apoyarse en la pared mientras los veía de espaldas, caminando serios y circunspectos con sus culos desnudos hacia el ascensor.