Desde la más tierna infancia
le decía su madre a Zita
Palabras grises
en un barrio con ventanas
que hablan y miran
Puertas desvencijadas
y paredes desconchadas
No te pares con extraños
El runrún en su cabeza
Al girar en una esquina
un hombre con ojos de fuego
Genaro Castoro “alias el Lobo”
ex convicto,
pendenciero y lascivo
¿Dónde vas niña preciosa?
A casa de mi abuela
Zita adolescente,
pizpireta
y parlanchina
meneando las caderas
al ritmo de un rap de Eminem
¿Y vive lejos tu abuela?
A dos manzanas de aquí
Y esos ojos, brasas
ardientes
en el cuerpo
núbil
Y esa boca negra
de la que asoma una lengua
rijosa y bífida,
saboreando ya
la piel de melocotón
No te pares con extraños
Escaleras con olor a
verduras,
orines y lejía
Grabados en las paredes
Te amo Lucy
en un corazón partido por un rayo
Me vengaré hijo de puta y
del cuchillo
caen goterones
de sangre roja y caliente
No te pares con extraños
Abuela abre, soy yo,
pasos lentos en el pasillo
un crujido, oscuridad y por la ranura
la mano
que arrastra a Zita
!Ay abuela!
!Me haces daño!
En el pasillo un cuerpo,
la abuela
con las gafas rotas y
los ojos muertos
Zita desnuda
Zita morada
grita y grita
Unas manos como garfíos
la obligan, la violan
y
la sodomizan
No te pares con extraños
Zita roja de sangre
Las palabras vuelven
escritas con tinta indeleble,
sonoras y crueles, mientras
la cuerda alrededor de su cuello
aprieta más y más….

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