jueves, 26 de febrero de 2026

No te pares con extraños



No te pares con extraños.  
Desde la más tierna infancia  
le decía su madre a Zita 
Palabras grises en un barrio con ventanas 
que hablan y miran 
Puertas desvencijadas 
y paredes desconchadas 

No te pares con extraños 
El runrún en su cabeza 
Al girar en una esquina 
un hombre con ojos de fuego 
Genaro Castoro “alias el Lobo” 
ex convicto,  
pendenciero y lascivo 
¿Dónde vas niña preciosa? 
A casa de mi abuela 
Zita adolescente, 
pizpireta y parlanchina 
meneando las caderas 
al ritmo de un rap de Eminem
¿Y vive lejos tu abuela? 
A dos manzanas de aquí 
Y esos ojos, brasas ardientes 
en el cuerpo núbil 
Y esa boca negra 
de la que asoma una lengua 
rijosa y bífida, 
saboreando ya 
la piel de melocotón 

No te pares con extraños 
Escaleras con olor a verduras,  
orines y lejía 
Grabados en las paredes 
Te amo Lucy  
en un corazón partido por un rayo 
Me vengaré hijo de puta y 
del cuchillo caen goterones 
de sangre roja y caliente 

No te pares con extraños 
Abuela abre, soy yo, 
pasos lentos en el pasillo 
un crujido, oscuridad y por la ranura 
la mano que arrastra a Zita 
!Ay abuela! 
!Me haces daño! 
En el pasillo un cuerpo, 
la abuela con las gafas rotas y 
los ojos muertos 
Zita desnuda 
Zita morada 
grita y grita 
Unas manos como garfíos 
la obligan, la violan y 
la sodomizan 

No te pares con extraños 
Zita roja de sangre 
Las palabras vuelven 
escritas con tinta indeleble, 
sonoras y crueles, mientras 
la cuerda alrededor de su cuello 
aprieta más y más….

miércoles, 11 de febrero de 2026

Pesadilla

En el preciso instante que se abalanzaba sobre mí dispuesta a matarme por aplastamiento, me despierto. Mi cuerpo sudoroso está pegado a las sábanas y cuando intento levantarme mis piernas trocan en unas patitas negras peludas, de mi tórax salen dos alas traslúcidas y mi abdomen brilla con fosforescencias verdes. Mi boca, que ahora es una trompa succionadora, me impide gritar cuando mis ojos facetados ven la paleta matamoscas cayendo sobre mi cuerpo indefenso.

viernes, 11 de octubre de 2019

Metamorfosis



Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, encontróse en su cama convertido en un monstruoso insecto.                                                                                                                                                                                           Franz Kafka
Águeda escuchó el ruido de la primera paletada de tierra que el enterrador lanzó al ataúd de su madre, a continuación la siguiente y otra más y otra, hasta que cubrió el féretro y ya sólo se oyó el rumor de las ramas de los árboles agitadas por el aire de las castañas.
 Hacía muchos años que su madre se había quedado postrada en la cama. Un día no se levantó, ya no quiero moverme de aquí, dijo, tú me cuidarás. Ella la atendió, día tras día, mes tras mes, año tras año. Su voz invad todos los rincones de la casa, Águeda ráscame la espalda, Águeda la bacinilla, Águeda hoy tienes que cortarme las uñas de los pies, Águeda tráeme agua, Águeda apúrate y dame un golpe que me atraganté con el pollo, Águeda ¿qué día hace hoy? Aún no has descubierto las cortinas. ¡Águedaaaaaa! Ella, solícita y resignada, se olvidó de sí misma, y se conformó con las telenovelas de cuatro a cinco cuando su madre dormía la siesta. Días antes de su fallecimiento, una tarde, en medio de la novela, oyó un grito extraño y a continuación, unos sonidos que le recordaron al parloteo del loro de Anselmo el del estanco. Cuando entró en la habitación halló a su madre semisentada en la cama , la espalda encorvada, el cráneo casi sin pelos, solo una pequeña mata gris en la punta, la nariz curvada en un arco que tocaba los casi inexistentes labios y aferrando con sus manos garras el embozo de la cama.