Cariño mira el
maravilloso paisaje que contemplamos desde el porche, el bosque , los
prados verdes, al fondo la cordillera y ese tono de la piedra caliza
cuando le da el sol, el lago a nuestros pies, mira, fíjate, a veces
desde aquí se ven esos pequeños remolinos, son los peces que saltan
y vuelven a meterse en el agua. Nuestros deseos hechos realidad, la
casa con la que siempre soñamos, lejos de todo y de todos, un mundo
a nuestra medida, donde nadie nos moleste, tu y yo solos, amándonos
como al principio, porque era eso de lo que se trataba, de que todo
siguiera igual, ¿acaso no
estoy yo aquí para complacerte? ¿O es que no te trato como a una
reina? Soy tu esclavo, pídeme lo que quieras y se cumplirán tus
deseos ¿para qué necesitabas las piernas? ¿Para huir de mi? Y
¿las manos? ¿Para blandir un cuchillo? Ahora debo irme a trabajar.
¿Quieres quedarte aquí en el porche, al aire libre? ¿O prefieres
que meta la silla para casa y te acerque a la ventana del salón? Te
quitaré la cinta de la boca, no grites, aunque si quieres puedes
hacerlo, no te escuchará nadie, pero me resulta muy molesto cuando
estoy aquí oír tus gritos y tus llantos, porque me hacen pensar que
ya no me quieres como antes así que tendré que cortarte también las cuerdas
vocales.
"Y aún me atrevo a amar el sonido de la luz en una hora muerta, el color del tiempo en un muro abandonado". Alejandra Pizarnik
viernes, 1 de junio de 2018
jueves, 31 de mayo de 2018
La pesadilla
Se despertó con la
boca seca y pastosa como si el día anterior hubiera bebido. La voz
de su madre terminó de despertarlo, Alfredo vas a juntar el desayuno
con la comida, ¿qué esperas para levantarte? Al abrir los ojos, en
la pared, los Rolling Stones lo miraban drogados hasta el culo y al
girarse vio el despertador colocado en la mesita que marcaba las las
once y media, cuanto he dormido, pensó y esta sensación de resaca
sin haber tomado ni una gota de alcohol, es por la mala noche que he
pasado, se dijo. En el sueño aquella mujer que primero lo engatusó
con la risa fácil y el esmero de los veinte años, una promesa de
vida en común, un cariño lo que tú quieras y él que se sentía
feliz, dejándose llevar, así durante un tiempo, inocente y ciego
como un topo le dijeron luego las caras borrosas y grises de no sabía
quién y venga a dar vueltas en la cama, sudaba y luego aquel
torbellino de insultos, portazos, eres el mayor fracaso de mi vida,
no hay quién te aguante, a ti tampoco, sería mejor que nos
separáramos, esto ya no tiene solución y lo sabes, nunca estás en
casa, estoy mejor en cualquier sitio, ya no te soporto, quiero el
divorcio pero ¿cómo vas a hacerle esto a tu hijo? Y venga a llorar
con una desolación tremenda delante de un espejo que no reflejaba su
rostro, como si hubiera dejado de existir perdido en aquel bucle de
acusaciones, pérdidas y angustia, hasta que despertó de aquella
pesadilla y ahora un clic de su teléfono móvil lo saca del
ensimismamiento, lo acerca y un nuevo mensaje de whatsApp “como
este mes no me ingreses los 300 euros de tu hijo te
denuncio”.
jueves, 14 de diciembre de 2017
Culos
Pasó a su lado como
todas las tardes y como todas las
tardes a lo largo de las semanas, los meses y los años fue la misma
presencia transparente y anodina que se deslizaba con la fregona, limpiando los suelos que ellos pisaban con sus zapatos de piel y
ellas con sus finos zapatos de tacón. Se había acostumbrado a tener
la misma textura que los cristales de las ventanas, la madera de las
mesas o el acero de los ascensores. Sin una específica corporeidad
cuando se interponía entre la ventana del piso catorce de aquel
edificio con oficinas de abogados y sus ojos, seguían
viendo lo que había detrás del cristal; al otro lado de la calle
más edificios de oficinas, un poco más allá el parque y al fondo,
el cielo que se unía con un horizonte irregular de urbanizaciones a
diferentes alturas.
Pero
esa tarde sucedió algo. Tenían una reunión tardía y la luz
naranja del ocaso se colaba por las rendijas de las cortinas de
lamas. Oyó las sillas al correrse y cuando giró la cabeza los vio
de espaldas, levantándose, y sus culos, sólo sus culos, estaban
desnudos, y había culos que eran tersos como la piel de los bebes,
culos prietos, en tensión, culos fofos y macilentos, culos peludos,
culos granujientos, culos con forma de embudo, culos escurridos,
culos de luna llena, culos fondones, culos glamurosos, culos
vergonzantes pero también culos altaneros, culos en pompa, culos
graciosos pero también culos tristes…
Ella,
agarrada a la fregona, se reía sin parar y de tanta risa que le daba
tuvo que apoyarse en la pared mientras los veía de espaldas,
caminando serios y circunspectos con sus culos desnudos hacia el
ascensor.
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